Mira, mira.
Eran las 6 de la mañana y… Abrió despacio y entró más despacio todavía. Sin encender la luz, cerró la puerta apretando fuerte el picaporte y ayudándose de la fuerza que hacía con otra mano para amortiguar el cierre. “Tres pasos hacia delante, giro a la derecha, dos pasos, stop, silla de escritorio, media vuelta, otros dos pasos y… Por fin”. Se lo sabía muy bien. Se sentó bruscamente sobre la cama y se despojó de los tacones lanzándolos lejos, al otro lado de la habitación. “Jodidos tacones”, murmuró. Siempre se dedicaba unos minutos a reflexionar antes de quitarse el vestido y acostarse. Era un buen momento para tomarse la última cerveza asomada a la terraza, si bebiera. O buen momento para encender un cigarrillo, si fumara. Reflexionaba recostada sobre la cama, apoyando la cabeza contra la pared, con los ojos abiertos, siendo absorvida por la penumbra. Así lo hizo, como siempre, pensando en… La vida.

Eran las 6 de la mañana y…

Abrió despacio y entró más despacio todavía. Sin encender la luz, cerró la puerta apretando fuerte el picaporte y ayudándose de la fuerza que hacía con otra mano para amortiguar el cierre. “Tres pasos hacia delante, giro a la derecha, dos pasos, stop, silla de escritorio, media vuelta, otros dos pasos y… Por fin”. Se lo sabía muy bien. Se sentó bruscamente sobre la cama y se despojó de los tacones lanzándolos lejos, al otro lado de la habitación. “Jodidos tacones”, murmuró. Siempre se dedicaba unos minutos a reflexionar antes de quitarse el vestido y acostarse. Era un buen momento para tomarse la última cerveza asomada a la terraza, si bebiera. O buen momento para encender un cigarrillo, si fumara. Reflexionaba recostada sobre la cama, apoyando la cabeza contra la pared, con los ojos abiertos, siendo absorvida por la penumbra. Así lo hizo, como siempre, pensando en… La vida.

2